5 - A. Mirados como hijos - Tanto los testimonios como la biografía de Sebastián León dan cuenta de dos aspectos interrelacionados: por una parte, expresan que son o se sienten mirados y tratados como hijos. Así pues, el biógrafo califica a la fundadora de “tierna” y “solícita”, “incansable” y “amorosa” madre. Adjetivos que corresponden a una caridad sin límites, a una forma de desvivirse por los enfermos y pobres que no encuentra descanso ni de día ni de noche, ya que ella vive desde la lógica de sus necesidades y, por eso, “estaba pronta a llenar todos los compromisos”: - Al través de este ligero estímulo y emulación la profesaban singular cariño y aprecio, pues que su franca caridad fue para todas incondicional y sin límites. Sor María Rosa estaba pronta a llenar los compromisos de día y de noche en especialidad. ¡Qué edificante y hermoso era durante las noches de verla discurrir, además de la asistencia y esmerado cuidado de los enfermos, de los ratos de oración y varias otras devociones, verla discurrir con tanto sigilo por las dependencias de la casa, y con grato placer cumplir cuantos encargos le confiaban las hermanas, y mientras estas apenas hallaban tiempo para las más precisas obligaciones, tenía sobrado tiempo para sí y para favorecer a las demás con su diligencia, pues parecía que se le prolongaba la noche (como el día a Josué), con que saciaba su afán de beneficencia y caridad, sin ir después acostarse sin expreso mandato. – Los ancianos y desvalidos y los parvulitos más asquerosos eran la pupila de sus ojos, y los que no se cansaba de recomendar a la afición y cariño de sus hijas como de palabra y con el ejemplo acariciaba a los más repugnantes e inútiles. Los asilados de la Misericordia aún recuerdan con sentidas lágrimas a la que por excelencia llamaban Madre y personificada caridad: que quien no la ha conocido, no sabe lo que es caridad.