3. También Corominas recoge un texto parecido: - De su caridad para con el prójimo no es posible formarse cabal idea, sin haber visto el cariño, la efusión del alma con que cuidaba de día y de noche, y aun estando enferma, al enfermo y desvalido, sin más preferencia que por los más ancianos y los tiernos niños, y tanto mayor cuanto más repulsivos y asquerosas fuesen. Privarse del alimento para darlo al pobre, quitar el abrigo de su cama para añadirlo a un enfermo, levantarse a deshora de noche, aunque enferma, para ir de puntillas a la cama del enfermo, o de la Hermana delicada, para ver si descansaban, o si les faltaba algo, ocuparse secretamente de aligerar el trabajo que pertenecía al oficio o al encargo de otras hermanas, escoger lo peor para sí, dejando lo mejor para los demás, eran actos que habían llegado a hacérsele familiares, casi habituales, aunque tenía gran cuidado en disimularlos y ocultarlos, como todo lo que pudiese captarle reputación, alabanza y respeto. (J. Corominas)