3. Consolar tiene que ver con forjar esperanza. No esperanzas vanas e ilusorias, sino reales, profundas y apasionantes, por las que vale la pena dejarlo todo y consagrar la vida a ellas. Consolar no es otra cosa que ofrecer un horizonte de sentido que valga la pena ser vivido. Como también expresa el mismo Martin Luther King: “Si el hombre no ha descubierto nada por lo que morir, no es digno de vivir”. El inicio de la Hermanas de la Consolación también parte de un sueño. El mismo que expresó Jesús en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Dios está sobre mí, porque Él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,16-21). Es decir, Jesús anuncia que ha llegado el año jubilar, que la fiesta de la fraternidad es para todos.
EL SUEÑO DE LAS HERMANAS DE LA CONSOLACIÓN
PARTE DEL MISMO QUE EXPRESÓ JESÚS EN LA SINAGOGA DE NAZARET