1. b) La herida del analfabetismo y la desigualdad – En a referencia que Sebastián León envía tanto a los prelados de Tortosa y Tarragona como la cardenal de Zaragoza calcula que entre treinta y seis casas del Instituto –además de haber atendido a unos quinientos enfermos en hospitales y unos seiscientos expósitos, ancianos y huérfanos en casa de beneficencia- han educado un promedio de tres mil mujeres. Una cifra considerada que duplica ala del número de enfermos y albergados. Y es que educando también se consuela y se vendan heridas. En concreto la del preocupante analfabetismo del siglo XIX, así como el de la desigualdad entre hombres y mujeres. – La educación está estrechamente relacionada con la dimensión social, ya que afecta de manera decisiva e incisiva en la transformación de la sociedad. En una tablilla cuneiforme de la zona de Mesopotamia un padre se dirige al maestro para darle las gracias por su labor y ofrece una preciosa definición de lo que es la escuela: “donde entran los que llegan con los ojos con los ojos cerrados y salen con los ojos abiertos”. Pues bien, más allá de los contenidos aprendidos, la función principal de los colegios es “abrir los ojos”, dotar de una particular sensibilidad y percepción a aquellos que son el futuro y que en breve van a asumir la responsabilidad de tomar las riendas de la nación. En este sentido, RC 1,1, asocia el ámbito educativo a la construcción del Reino, ya que los valores evangélicos resultan imprescindibles para caminar hacia ese modelo de sociedad que tiene como horizonte la fraternidad universal.
LA EDUCACIÓN AFECTA DECISIVAMENTE EN LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL