"SE HUMILLÓ A SÍ MISMO, OBEDIENTE HASTA LA MUERTE, Y MUERTE DE CRUZ" (Flp 2,8) - El Domingo de Ramos no es solo un recuerdo del pasado, sino la apertura del corazón a la semana más sagrada del año. Al levantar nuestras palmas, no solo acompañamos a Jesús en su entrada a Jerusalén, sino que le permitimos entrar en nuestra propia vida, con nuestras luces y sombras. Esta Semana Santa es una invitación a vivir un vía crucis interior: a morir a lo que nos pesa para resucitar con más fuerza. Que el silencio de estos días no sea vacío, sino un espacio lleno de la presencia de Dios, recordándonos que el amor más grande es aquel que se entrega por completo.