(Hb 13, 12-13; 12, 4) Jesús, para santificar con su propia sangre al pueblo, padeció la muerte fuera de la ciudad; * salgamos, pues, hacia él fuera del campamento, cargando con su oprobio. - Pues vosotros no habéis resistido aún hasta el derramamiento de sangre en vuestra lucha contra el pecado.