Anda uno escatimando el amor, como si por darlo fuera a agotarse. Qué error de cálculo. Qué estrechez de miras. Qué pobreza de horizonte, confundir el amor con agua empantanada sin comprender que es un río más caudaloso cuanto más lejos llega. Atraviesa nuevas tierras, incorpora otros afluentes, que son amigos, compañeros de viaje, prójimos cuya sed saciaste un día. Uno elige ser dique o cauce. Pero de nada sirve embalsar el amor, que es origen y destino, flujo, movimiento, viaje y encuentro. (José María R. Olaizola, SJ)