1. Del libro de los Números 20, 1-13; 21, 4-9 LAS AGUAS DE MERIBÁ Y LA SERPIENTE DE BRONCE En aquellos días, la comunidad entera de los hijos de Israel llegó al desierto de Sin el mes primero, y el pueblo se instaló en Cadés. Allí murió María y allí la enterraron. Faltó agua al pueblo y se amotinaron contra Moisés y Aarón. El pueblo riñó con Moisés, diciendo: «¡Ojalá hubiéramos muerto como nuestros hermanos, delante del Señor! ¿Por qué habéis traído a la comunidad del Señor a este desierto, para que muramos en él nosotros y nuestras bestias? ¿Por qué nos habéis sacado de Egipto, para traernos a este sitio horrible, que no tiene grano, ni higueras, ni granados, ni agua para beber?» Moisés y Aarón se apartaron de la comunidad y se dirigieron a la Tienda de Reunión, y delante de ella se postraron rostro en tierra. La gloria del Señor se les apareció, y el Señor dijo a Moisés: «Toma el cayado, reúne a la asamblea, tú con tu hermano Aarón, y en presencia de ellos ordenad a la roca que dé agua. Sacarás agua de la roca para darles de beber a ellos y a sus bestias.» Moisés tomó la vara de la presencia del Señor, como él se lo mandaba, y, habiendo convocado con Aarón a la comunidad delante de la roca, les dijo: «Escuchad, rebeldes: ¿Creéis que podemos sacar agua de esta roca para vosotros?» Moisés alzó la mano y golpeó la roca con el bastón dos veces, y brotó agua tan abundante que bebió toda la multitud y sus bestias. El Señor dijo luego a Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado en mí, por no haber reconocido mi santidad en presencia de los hijos de Israel, no haréis entrar a esta comunidad en la tierra que les voy a dar.» (Éstas son las aguas de Meribá, donde los hijos de Israel protestaron contra el Señor y donde él les dio una prueba de su santidad.) Partieron luego los israelíes de la montaña de Hor y se encaminaron hacia el mar Rojo, rodeando el territorio de Edom. El pueblo iba extenuado e impaciente, y habló contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y ya nos da náusea ese alimento tan mezquino.» El Señor envió entonces contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; intercede ante el Señor para que aparte de nosotros las serpientes.» Moisés intercedió ante el Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: «Haz una serpiente de bronce y colócala en una asta. Todo el que haya sido mordido y la mire sanará.» Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en una asta. Cuando alguno era mordido por una serpiente, miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado. RESPONSORIO Jn 3, 14-15. 17 R. Así como Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, así deberá ser levantado en alto el Hijo del hombre, * para que todo el que crea en él tenga vida eterna. V. Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. R. Para que todo el que crea en él tenga vida eterna. OFICIO DE LECTURAS