9. ANATOMÍA DE LA ESPERANZA - El papa Francisco, al convocar el Jubileo de 2025, deseaba que el primer signo de esperanza se tradujera en paz para el mundo. ¿Es eso “esperar contra toda esperanza”, habida cuenta de la situación actual en tantos rincones del planeta? ¿Pecamos los cristianos de cierto angelismo al respecto? - Pecamos, sobre todo, de nostalgia o bien de derrotismo. Con frecuencia, se idealiza el pasado. “Cualquier tiempo pasado fue mejor”. Jorge Manrique dio en el clavo. Se mitifica el pasado, se pinta de color de oro, olvidando sus contradicciones, miserias y carencias. La nostalgia nunca ha sido considerada una virtud en los tratados de moral, menos aún la añoranza o la melancolía. También pecamos de derrotismo. La mirada apocalíptica cala en muchos entornos culturales, en el ámbito escolar y universitario. Se repiten máximos del estilo: “No hay nada que hacer” o “Todo está perdido”. Los que forjamos un discurso sobre la esperanza somos etiquetados de ingenuos, pueriles, bienintencionados, pero mal informados. La cuestión clave es cómo articular un discurso sobre la esperanza que tenga legitimidad intelectual, que sea verosímil, que pueda responder, racionalmente, a las objeciones de nuestro tiempo. Para no naufragar en esta tentativa, tenemos que releer con lupa a Ernst Bloch, a Gabriel Marcel, a Albert Camus, a Emmanuel Mounier, a Simone Weil, también a Pedro Laín Entralgo, verdaderos apóstoles de la esperanza en tiempos de penetrante oscuridad. SOBRAN CÍNICOS Y FALTAN TESTIGOS DE ESPERANZA