10/2/26

8. ¿Cómo se cultiva la esperanza en esta era de la inmediatez, del “aquí y ahora”? - La esperanza es incompatible con la cultura de la inmediatez. El factor tiempo es decisivo para que se haga realidad cualquier proyecto individual y colectivo. La semilla no se transforma en roble de golpe. Requiere de tiempo, de cuidado, de atención, de protección, de una tierra esponjosa, de agua, aire y sol. El niño no aprende a pensar de golpe. Las grandes obras requieren tiempo, tolerancia a la espera, constancia, una tenacidad sostenida a lo largo de un largo período y por distintas generaciones volcadas en el mismo proyecto. Solo así es posible abrir paso a lo difícil, a lo arduo, pero vivimos en la sociedad del desasosiego, de la intolerancia a la espera. - Sin tiempo, no hay lugar para la esperanza. Aun así, la esperanza no es una garantía, ni una evidencia lógica o matemática. Como dice Corine Pelluchon, se sitúa más allá de la expectativa racional. La travesía del pueblo judío de Egipto hasta la tierra de Canaán se realizó durante cuarenta años. Durante este periplo, hubo de todo: desánimo, desconfianza, rebelión, rabia, indignación, frustración, incluso nostalgia de la cautividad en Egipto. -El horizonte se entrevé, pero no está en la mano como un objeto físico, ni es una posesión. Tenemos que aprender a esperar, a confiar en el talento, la inteligencia y la fuerza vital de las generaciones venideras, a practicar la virtud ignorada de la paciencia, en palabras de Emmanuel Levinas. SOBRAN CÍNICOS Y FALTAN TESTIGOS DE ESPERANZA