8. A partir de ese conocimiento básico de ser amado, dos cosas se hacen posibles. Primero, aprendo que tengo valor aparte de cualquiera de las cosas o personas en el mundo que están presentes o ausentes de mi vida. Dios me ama tal como soy, con todos mis talentos, particularidades y defectos. Yo soy suficiente para Dios, y Dios es suficiente para mí. Segundo, cuando el amor de Dios está en el centro de mi vida, entonces estoy atentamente consciente de que yo también tengo la capacidad de amar, no importa a dónde me lleve la vida. - INDIFERENCIA IGNACIANA (Marina McCoy)