7. Aquel que ve incesantemente la ilimitada bondad de Dios, vino al mundo, lo vio destrozado por el pecado del hombre y sintió compasión. Los mismos ojos que ven el corazón de Dios vieron los sufrimientos del corazón del pueblo de Dios y lloraron (Jn 11, 36). Esos ojos, que queman como llagas de fuego penetrando la interioridad del mismo Dios, contienen también océanos de lágrimas por el dolor de los hombres de todos los tiempos y lugares. Éste es el secreto de los ojos del Cristo de Andrei Rublev. - LOS OJOS DE CRISTO, La belle za del Señor pp 55, 68- 71, Henri Nouwen - DIOS CON NOSOTROS - (Ejercicios espirituales en la vida ordinaria 2026)