3. Tenedemos a poner el acento en la distancia entre Jesús y nosotros. Vemos a Jesús como el Hijo de Dios omnisceiente y todo poderoso, inaccesible para nosotros, seres humanos pecadores y rotos. Pero al pensar de esta forma, olvidamos que Jesús vino a darnos su propia vida. Vino para elevarnos a la comunidad de amor con el Padre. - PRESENCIA Y AUSENCIA DE DIOS, Making All Things pp 50-51, Henri Nouwen, SER COMO JESÚS