ESCUCHAR LA PALABRA DE DIOS "ES LEER" Y PREGUNTARSE: «¿Qué dice esto a mi corazón? ¿Qué me está diciendo Dios con esta palabra»? En efecto, sólo así «nuestra vida cambia». Y esto se produce «cada vez que abrimos el Evangelio y leemos un pasaje y nos preguntamos: “¿Dios me habla con esto, me dice algo a mí? Y si me dice algo, ¿qué me dice?”». (Francisco)