3. La verdadera alegría —dice Francisco— se descubre cuando, después de un día de frío, cansancio y hambre, los hermanos regresan al convento y no son reconocidos ni recibidos, sino despreciados, expulsados y humillados. Si en ese momento soportan la afrenta en paz, recordando los sufrimientos de Cristo, allí está la perfecta alegría. - LA PERFECTA ALEGRÍA SEGÚN SAN FRANCISCO DE ASÍS: EL SECRETO OCULTO DE LA SANTIDAD