10. POR NUESTRA PARTE, podremos seguir gritando: "¡Señor, ten piedad!"; podremos seguir escuchando e interpretando las Escrituras; podremos seguir diciendo: "Creo, Señor". Pero la comunión con Él va mucho más allá de todo eso: nos lleva al lugar donde la luz ciega nuestros ojos y donde todo nuestro ser está sumido en la falta de visión. Es en ese lugar de comunión donde gritamos: "¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?". Es también ese lugar donde nuestro vacío nos hace orar: "Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu". COMUNIÓN EN LA AUSENCIA - Con el corazón en ascuas, pp 76-79, Henri Nouwen. (Ejercicios espirituales en la vida ordinaria)