7. De hecho, la Europa contemporánea se enfrenta a una nueva etapa en su larga historia de encuentros, con la llegada al continente de tantos hombres y mujeres que huyen de zonas de guerra y persecución, o que buscan una mejora de vida lejos de la pobreza y la miseria.- Como dije durante mi reciente visita a las Islas Canarias, en España: «La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra» (Encuentro con las realidades de acogida de los migrantes, 11 junio 2026). - Todo esto, sin embargo, no sería suficiente: acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge. Hay que captar el alcance histórico de lo que está sucediendo, es decir, un encuentro sin precedentes entre pueblos y culturas que pide un redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro. La universalidad de los valores fundacionales de Europa nos asegura que este diálogo es posible y que podrá dar una base sólida a nuestras sociedades, permitiendo trabajar de manera más eficaz por la paz y por un mundo reconciliado. -Esta lucidez inspiró a hombres como Schuman a superar la oposición entre las identidades culturales y dar vida a las instituciones europeas, al final de la terrible tragedia de la Segunda Guerra Mundial, mostrando lo grande que es el mal causado por el hombre cuando piensa que no tiene obstáculos en el ejercicio de su poder.