3 - Aunque esta actitud es menos medible, sin embargo, resulta imprescindible para relacionarse con los pobres y necesitados. Esto es, identificarse con ellos, no sentirse superior. El concepto que se tiene de sí misma de no ser merecedora ni siquiera de la comida (cf. Sal 136, 25) hace que María Rosa Molas no sea una mujer exigente, sino todo lo contrario, agradecida. Se trata de la pobreza de espíritu que consiste en una apertura radical a Dios y al hermano que le hace vivirse no como un ser autosuficiente sino necesitada. Y esta forma de vivirse abre a la relación porque es lo contrario a la autoreferencialidad y al creerse superior. Es más, desde ahí se puede servir sin humillar al otro, conscientes de que no se va únicamente a dar sino a recibir, ya que el otro es portador de mi propia verdad. Por eso, ella pregunta, dialoga, no se impone, aun cuando es una mujer de gran talento.
CONSCIENTES DE QUE NO SE VA ÚNICAMENTE A DAR SINO A RECIBIR