2. ¿Para qué ejerzo la autoridad que se me ha confiado? No me refiero al modo en que la ejerzo, ni con qué herramientas, sino para qué. El Evangelio responde con claridad: «El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir» (Mc 10,45). Es una frase inspiradora que nos invita a redefinir qué entendemos por liderazgo. La Palabra introduce una lógica que invierte el orden habitual: primero, el servicio; después, la autoridad. Primero, la responsabilidad por otros; después, el reconocimiento. - 70 veces 7