9. Antes de dar un paso adelante, en primer lugar, quisiera ofrecer una aclaración, pues pareciera que ¡ya estamos con la clásica división entre el ámbito sociosanitario y el educativo! Es más, algunos estudiosos consideran que la presencia de la vida religiosa femenina apostólica es estos campos es debida a las grandes necesidades y carencias sociales de la época. Y, aunque es plausible esta interpretación, me gustaría completarla con otra de índole más teológica. De hecho, si nos remitimos al NT, en los llamados sumarios del Evangelio de Mateo (cf. Mt 4,23; 9,35) la actividad de Jesús se reconduce a dos o tres verbos: curar, enseñar o/y predicar. Este hecho, lo recoge el vaticano II en Dei Verbum 2 hablando de la sacramentalidad de la revelación que sucede tanto por gestos como por palabras. Ahora bien, gestos y palabras no son dos aspectos separados, o mejor dicho dos economías distintas. Por una parte, la de la acción y, por otra parte, la de la predicación. Esto daría lugar a espiritualidades esquizofrénicas o escuálidas: unas, las que se dedican a orar y a hablar, pero no hacen nada por el hermano; y otras, que trabajan en lo social, pero sin referencia a Dios (sin mensaje). Lo que DV 2 quiere decir es que en Dios palabras y gestos no son dos realidades separadas. Esto es, las palabras son hechos, y los hechos o gestos tienen “verba”. Es decir, un sentido. Servir y enseñar los valores del Reino no son dos ámbitos de la revelación, pertenecen a una única economía salvífica.