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8. B) Gargantas vivientes. La “eucaristía” de la respiración – Amar no es un movimiento unidireccional, comporta la experiencia de ser amados. En consecuencia, amar es mantenerse es esa relación de recibir al otro y darse. La Biblia tiene claro que el amor no consiste tanto en que “nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero” (1 Jn 4,10). Él reinicia nuestra capacidad de amar. Y esta puesta en marcha está en relación con la acogida. Es decir, lo que más nos define no es dar sino el hecho de recibir. La humildad no sería otra cosa que reconocer que no se es el origen y vivirse como tal. – Ahora bien, esta relación se va haciendo y puede sufrir rupturas. El aspecto dinámico de la misma se manifiesta en Gén 2,7: Dios insufla aliento en aquel trozo de barro que se convierte en una garganta viviente. Esto es, en un ser completamente abierto al respiro de Dios, en un pulmón que recoge y devuelve su aliento. La espiritualidad no sería otra cosa que mantenerse en esta “eucaristía” de la respiración, porque Dios alentando se da a sí mismo (espiración) y el ser humano lo recibe (inspiración) y también pone a disposición su vida en la entrega de su respiro (expiración).

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UN PULMÓN QUE RECOGE Y DEVUELVE SU ALIENTO