7. Análogamente también se podría decir de María Rosa Molas que lo más determinante de su acción social fue que creyó en Dios. Así lo percibieron las hermanas y coetáneos hasta el punto de identificarla con la caridad –quien no la ha conocido no sabe lo que es caridad- y así lo expresa también ella a lo largo de su vida, cuyo compendio se sintetiza en una frase donde se nombran los dos polos que catalizan su existencia: “Todo para gloria de Dios y bien de los hermanos, nada para nosotras”. La vivencia de Dios como absoluto liberó a María Rosa para posicionarse públicamente en favor de los más pobres, reclamando sus derechos y dignidad, tal como se documenta en sus múltiples cartas. La intensidad de este amor como un río desbordado impacta en lo social dejando una marca indeleble.