4. Todo el cuerpo personal, familiar y social se convertirá, por tanto, en un manuscrito que remite a Dios. Todo debe quedar tatuado y tocado por estas palabras. Es más, la progresión del texto indica que, precisamente porque están grabadas en el corazón, tenderán a impregnar toda la realidad externa: será de lo que se hable, lo que se repita, lo que en el fondo determine el día a día, en lo grande y en lo pequeño, pues el corazón habita allí donde está el tesoro. Y este se erige como un polo magnético que determina, en última estancia, todo lo que se hace, de o que conversa, de aquello por lo que se está preocupado.