3. Dios como un campo magnético atrae todas las fuerzas afectivas. Pero también, según el texto, debe magnetizar no solo las realidades internas sino incluso externas. De hecho, Dt 6,4-9 añade que además de grabar estas palabras sobre el corazón, también todo el cuerpo debe tatuarse con ellas. De manera que siempre se tengan presentes: las atarás a tus manos, las tendrás como un recordatorio ante tus ojos. Y esto día y noche: cuando te acuestes y cuando te levantes. Es más, todo el tejido personal, familiar (los hijos) y social (la casa) debe quedar marcado por ellas: Se las repetirás a tus hijos, de las dirás tanto si estás en casa como si vas de viaje; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas.