2/7/26

5. Siendo un hombre tan social, sin embargo, Jon Sobrino expresa que lo primero que habría que decir de Monseñor romero es que “creyó en Dios”. Con toda la hondura que tiene aquí creer. La dimensión creyente del obispo salvadoreño no solo no se reduce a la capilla o a que su relación con Dios marcó la historia de un país, hasta el punto de que Ignacio Ellacuría afirma: “Con Monseñor Romero Dios pasó por el Salvador”. Por esta convicción profunda que fue Dios en su vida llegó a morir por su pueblo. Este hecho fue captado por un campesino que resumió perfectamente su muerte: “Monseñor romero dijo la verdad. Nos defendió a nosotros los pobres. Y por eso lo mataron”: Quizás pueda parecer muy poco o extremadamente simple comenzar a hablar de Mons. Romero diciendo que fue un hombre que creyó en Dios o, por el contrario, se le ignora con tanta facilidad que no parece ser un especial homenaje a su figura ni una adecuada pista teológica comenzar diciendo que creyó en Dios. Para un cristiano, sin embargo, “Dios”, lejos de ser un vocablo vacío, lejos de ser una realidad abstracta, lejana e inoperante, es el origen primero y el horizonte último de la vida., la justicia, el amor y la verdad; es la exigencia absoluta a que esta vida nuestra sea en verdad digna de hombres, la exigencia a humanizar siempre más todo lo humano y a eliminar siempre cada vez más lo que deshumaniza … la medida de la fe de Mons. Romero viene dada por la radicalidad con la que defendió la causa de Dios en la vida cotidiana y en las cosas últimas y profundas de la vida … buscó su voluntad allí donde realmente se encuentra; allí donde se juega la vida y la muerte de los hombres, allí donde el pecado hace de los hombres esclavos y piltrafas humanas, allí donde surge el clamor de la justicia, la esperanza de una sociedad y un hombre cada vez más humanos.

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CREYÓ EN DIOS