8. Las exhortaciones de mi santa Madre se dirigían a que estimase mucho mi salvación, fuese muy fervorosa y recogida en la oración y demás ejercicios espirituales; que tuviera mucho celo y presencia de Dios, y caridad con los pobres enfermos, hasta perder la vida si fuese necesario, y que las virtudes las practicase sin ser vista: - Me encargaba la caridad con las Hermanas y con los prójimos y que tuviese humildad y paciencia. – Me encargó que fuese bien humilde, obediente, que tuviese mucha caridad con los pobres y enfermos. – su caridad era ejemplarísima y servía a los pobres con un gusto imponderable. En cierta época que el ayuntamiento de la ciudad quiso hacer una gran comida para los pobres, llamó a María Rosa Molas, y para el día y hora señalados fue acompañada muy de mañana de dos Hermanas, y preparó la comida, de que comieron muchos centenares de pobres, con gran sorpresa y contento de aquellos señores. – Su amor a Dios y al prójimo era muy grande y la vi llorar muchas veces por los pobrecitos. – Yo viví sólo dos años en compañía de mi amada madre sor maría Rosa Molas; más, no obstante, diré que era un ejemplo y prodigio de virtudes. Me edificaba continuamente en la obediencia, humildad, mortificación, caridad con todos, singularmente con las Hermanas y pobrecitos, mirándolas como hijas e hijos suyos predilectos. Era simpática y cariñosa con todos, y de las Hermanas tenía cuidado, como de la pupila de sus ojos. Todos se marchaban contentos y alegres por el atractivo con que ganaba sus corazones.