7. En este sentido, resulta llamativa la cantidad de consejos que María Rosa daba en esta línea para que las hermanas no sucumban, para que no solo vivan físicamente con los pobres sino para que no decaigan en esta opción. Concluyo transcribiendo algunos de ellos: - Me exhortaba a la caridad y humildad con las Hermanas y que para los viejecitos y niños se necesitaba más amor y cuidado. Me dijo que una Hermana había guisado nueve ves un huevo para un enfermo, y uno tras otros se lo echaba al rostro, y la religiosa siempre muy paciente. – Observé la exquisita vigilancia con que cumplía sus deberes, el respeto que causaba y el amor con los más pobrecitos; animándonos a servir a los más despreciables. Cuando mandaba más parecía que rogaba, por la humildad con que lo hacía. Un día me causó admiración verla tan sufrida en el refectorio que no le dieron la comida (tal vez no estaría arreglada la suya, pues estaba enferma), pero permaneció sin hablar palabra ni dar queja alguna, hasta que concluyó el acto. – Me exhortaba a ser muy caritativa con los enfermos y pobres, que tuviésemos mucha unión entre las Hermanas. – La caridad de mi Madre Fundadora era muy grande, como lo vi en una ocasión que me hizo llevar su comida a un pobre y lo mismo hacía con los demás. – Me exhortaba a la observancia, a la abnegación de la propia voluntad, al amor de los enfermos y dulzura con las Hermanas.