6. Hay muchas formas de transparentar una realidad que no es a través de la palabra. Con la metáfora del oler el papa Francisco ha traducido una categoría que, probablemente, por estar manida y domesticada, ha perdido su fuerza de significar. De hecho, en los albores del Vaticano II se puso de moda el concepto de ser testigos. Cansados de palabras, se decía que lo que se necesitaba no eran maestros sino testigos. Esto es, gente que huela a lo mismo de lo que habla. Ahora bien, me atrevería a mejorar la metáfora con un verbo: desprender olor a oveja. – La dimensión social no es como esa agua de colonia que nos ponemos y que al cabo de una hora se ha evaporado. Desprendemos olor de oveja en la medida que su olor penetra en nosotros y por eso, nuestros poros lo transpiran y nuestra piel está tatuada. Y esta es la diferencia entre el pastor y el asalariado, entre vivir o habitar en medio y entre considerar que ser siervas de los pobres es una acción y no una condición. Porque se puede estar en medio de una realidad y llevar un impermeable puesto. – María Rosa Molas, influida por la tradición vicenciana, se muestra muy consciente de esta dificultad. En otro capítulo traía a colación el lamento de la teóloga Antonieta Potente: “la vida religiosa se ha cansado de los pobres”. Por eso, tenemos que desterrar la visión idílica de vivir en los establecimientos de los pobres. Las religiosas no solo dignificaron esos espacios con el adecentamiento y la limpieza de los mismos o con el hecho de correr la misma suerte de hambre y necesidad cuando las instituciones públicas no tenían dinero. Sino que sufrieron en propia carne sus malos modales, su dolor contra la sociedad convertido muchas veces en un plato de comida lanzado con agresividad contra quienes estaban intentando ayudarles.