3. El palacio era un edificio público que, en cuanto emblemático, representaba a la ciudad. Se podría decir que era como su espejo. Se trataba de una construcción pública en la que la población probablemente había tenido que participar y realizar una prestación y, además, era el centro neurálgico de la dimensión social. En torno a este se desarrollaba la vida económica, política y judicial. Sin embargo, cuando sus moradores no practican la justicia y solo tienen como horizonte enriquecerse lo convierten en todo lo contrario: una cueva de ladrones.