4. Así pues, el profeta Habacuc lo asemeja a un nido alto e inaccesible, parecido al de las aves de rapiña, ya que el que roba no quiere ser robado. Por eso, las fortalezas, lejos de ser una obra fruto de la sabiduría humana, en el fondo esconden en sus fundamentos violencia y sangre (Hab 2,9-24). Han sido edificadas sobre la injusticia y, encima, son una forma de blindarse, pues son inaccesibles. Una manera de protegerse análoga a lo que los ricos hacen en los tribunales. Es más, según Miqueas esos cometen el mal a plena luz del día, porque pueden. Esto es, porque tienen poder, porque se saben impunes (Miq 2,1)