2. a) Habitar, expresión de una forma de vivir y de consolar - La Escritura es muy consciente de que no es indiferente dónde se habite porque expresa y configura. Morar en un determinado sitio es toda una declaración de lo que somos y aspiramos a ser. Al mismo tiempo que el lugar donde vivimos nos termina haciendo adoptar una forma de habitar y de pasar por este mundo. En la literatura profética se halla un nutrido grupo de oráculos que critican la construcción de palacios (Jer 22,13-17; Am 3,9-12; Hab 2,9-14). Como es sabido, la riqueza en sí misma no es mal vista por el AT. Todo lo contrario, es señal de bendición. – Ahora bien, para la teología bíblica la economía no se define por la relación que un sujeto entabla con los bienes, sino por la relación que un sujeto entabla con otro sujeto a través de los bienes. La actividad económica, por tanto, no es una actividad en sí misma y no puede convertirse en lucrativa. Solamente tienen sentido desde el otro y para el otro. O lo que es lo mismo, es el rostro del hermano el que pone en cuestión la forma de poseer y también nuestra forma de habitar y pasar por esta tierra.