«Habéis oído que se dijo a los antiguos...», y luego afirma: «Pero yo os digo...». - Y así seis veces. Este modo de hablar suscitaba gran impresión en la gente, que se asustaba, porque ese «yo os digo» equivalía a reivindicar para sí la misma autoridad de Dios, fuente de la Ley. (Benedico XVI)