7. Modo CONSOLACIÓN - Por entonces ya rondaba en ella una determinación clara. Tenía muy cerca, en el cariño de sus padres y en la plenitud de sus hermanos Antón y María, el ejemplo de la vida matrimonial. Se había dado cuenta de que eso era lo que su padre deseaba para ella, porque algunas veces -cuando se sentaban todos en torno a la mesa- decía, como de pasada: - Qué feliz seré cuando conozca a los hijos de todos mis hijos. - Ella sonreía, pero guardaba en silencio otra vocación. Brotaba de su alma como surgía de su cuerpo de adolescente una mujer, y de su pensamiento un carácter decidido. Sentía pasión por Jesús, por la invitación que hacía a quien le siguiera: "Ama, perdona...". Vivía enamorada de Él hasta lo más hondo, contemplarlo en la oración le había marcado por dentro huellas profundas y eternas, las del primer amor. Soñaba con consagrase a los pobres y dedicar la vida a consolar tanto sufrimiento como veía a su alrededor porque eso era lo que a Él le agradaba. Su madre conocía esta vocación pero su padre, con aquello de "los hijos de todos sus hijos", le preocupaba un poco. Además temía la vanidad. Si volviese a engañarla y ella no valiera para andar por aquel camino... Así que decidió ponerse a prueba. (Carmen Guaita) CONSOLACIÓN. Historia de la madre María Rosa Molas, p 36