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8 - Además de estas dos expresiones que describen la parte activa de quien mira, existen otras dos locuciones que formulan la misma experiencia, pero desde el prisma de quien es mirado. Esto es, responden a percibir qué sucede en la cara de quien les está mirando. Se trata de “iluminar la cara” o “iluminar el rostro”. El hecho de que se utilicen en la Biblia como antónimos de “esconder el rostro” ha fomentado construir el imaginario de que este término traduce la experiencia del paso de la ausencia de Dios a la capacidad de percibir su presencia. Sin embargo, las dos expresiones están cargadas de matices afectivos y significan lo mismo que en nuestra lengua cuando decimos que a alguien se le ha iluminado la cara o los ojos. Esto es, el rostro y sobre todo la mirada son incapaces de esconder lo que sucede en el corazón. Cuando alguien ve a quien ama, se le salta el corazón y, por eso, la cara se le ilumina y los ojos manifiestan el desbordamiento de alegría que se produce en el interior.

 LA MIRADA ES INCAPAZ DE ESCONDER LO QUE SUCEDE EN EL CORAZÓN