3. Europa debe entenderse, por tanto, como una realidad cultural e histórica antes que geográfica. A lo largo de los siglos, ha adquirido nuevas fronteras y nuevas definiciones, atravesando períodos de crecimiento, profundas crisis y nuevos renacimientos. Un factor constante, que se puede observar en su largo y turbulento recorrido histórico, radica en el hecho de que Europa se ha desarrollado y ha progresado cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro. De hecho, la civilización europea es también fruto de encuentros seculares, aunque no siempre fáciles. Basta pensar en la presencia de la cultura árabe en la península ibérica, o en la proyección del “Viejo Continente” hacia el “Nuevo Mundo”, que generó, a veces de manera dolorosa, síntesis inéditas en el continente americano.