6. Frente a todo ello, se propone aquí la siguiente tesis: el silencio no es obstáculo ni reto. Más bien es fuente que ‘mana y corre aunque es de noche’, en palabras llenas de unción del ya citado vate y místico cristiano Juan de la Cruz (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). El silencio es fluidez que se deja oír como origen del que surge la experiencia, de la mediación constante que constituye la historia, constituida en mística, pues es la vivencia conforme al Misterio, en relación con el Misterio. Misterio es Presencia que se constituye como punto de encuentro entre lo Absoluto y lo Contingente, constituyendo al hombre como protagonista, como punto de Encuentro, pues el hombre se hace Dios por participación; su unión y comunión con Dios. La mística es la brotadura y el florecimiento del silencio en Palabra que resuena en la historia hasta tomar carne en ella para ser vivida, para ser Presencia que se abre relacionalmente como Misterio que es, insistimos una vez más, punto de encuentro de lo Absoluto y lo contingente, del Todo y Nada en el hombre. Este en su vida, para hacerse espíritu o espiritual, ha de habérselas con el Misterio. - SILENCIO Y LENGUAJE MÍSTICO