5. Ya sostenía el pensador y antropólogo jesuita Michel de Certeau, especialmente en el célebre primer volumen de su Fábula mística, que el núcleo de la mística es el decir, el enunciado; experimentar, mejor dicho, experienciar es enunciar. Si mal no le he entendido al mencionado estudioso francés, en el decir, el enunciar es la ‘sustantivización’ histórica de la mística. Este proceso queda reflejado en las particularidades del lenguaje humano pero este mismo proceso ocurre desde el fondo del silencio con su desafío de la inefabilidad. Pero esta se entiende en el sentido de ser el gran obstáculo a la mística como articulación no solo experiencial sino en el sentido de ser la mismísima experiencia como articulación. Queda patente, a tenor de ello, que comúnmente, teniendo al mencionado Certeau como muestra autorizada, se entiende el silencio en categorías de potencialidad desde la que surge la actividad, como abogara Aristóteles o también en la nada desde el sentido de negación de la que surge el ser. Este sentido lo propugnan pensadores próceres como Hegel y Heidegger. - SILENCIO Y LENGUAJE MÍSTICO