9. De nuevo, entre 1872 y 1873 las arcas públicas están vacías y el hambre arrecia en la Casa de Misericordia: “Se carecía hasta de lo más imprescindible; los albergados andaban mal vestidos; no había ropa para mudar las camas; faltaban medicinas para los enfermos y dinero para pagar a las amas de lactancia y a los empleados”. Las ayudas prometidas nunca llegan y, aprovechando que el gobernador de Tarragona le había pedido el estado de cuentas, maría Rosa pone en su conocimiento el agujero económico: estas son las cantidades que han de cubrirse. Si no quiere mala nota de dirección, pues todos los de la casa han quedado con el vestido usual y a este tenor los demás gastos, pues parece que entienden se reducen todos los gastos a pan y a arroaz seco.