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9. Además de estas relaciones, que se pueden considerar más institucionales, en la vida cotidiana y en el ámbito local van tejiendo lazos con gente de buena fe que, por voluntad propia o instada por la precariedad, se ven involucrados. Transcribo el parágrafo de la memoria de Emilia Sebastiá que me parece elocuente al respecto: En esta red de contactos destaca la presencia de algunas personas de buena voluntad que, voluntariamente o porque se vieron en medio del atolladero de contribuir, crearon lazos de solidaridad desde su misma pobreza y, a su modo, compartieron este sueño y este reto de consolar. Por ejemplo, el panadero que reclama el retraso de seis meses de pan fue incapaz de dejar sin sustento a la Casa de Misericordia, y lo mismo habría que decir de las amas de lactancia. El ver cómo aquellas mujeres se desvivían por erradicar la miseria e iban dispuestas a sacrificar su vida, interpeló a la gente de buena voluntad, que desde sus posibilidades contribuyó con lo que pudo y que, aun desconociendo todavía el nombre técnico, fueron germen de lo que actualmente es hoy la Familia Consolación, porque se vieron contagiados de una misión compartida con las hermanas.

RED DE CONTACTOS, VOLUNTARIADO CONSOLACIÓN