10. Es decir, su forma de vida fue una llamada a cooperar, ya que todos somos responsables de los hermanos. Como indica Jesús en la parábola del samaritano, cambiando la pregunta inicial: “¿Quién es mi prójimo? Por: “¿Quién se hizo prójimo?”, la projimidad no es una condición del otro, sino nuestra, pues está en nuestro tejado acercarnos y hacernos hermanos. Aunque el estado tenga una función decisiva en la atención de las necesidades de los desvalidos, nadie puede desentenderse de sus hermanos ni auto-justificarse. De este modo, fueron edificando una sociedad que coopera en construir una civilización del amor y el sueño de la fraternidad universal.