8. Consolar es como ese profundo beso de Dios que, al mismo tiempo que nos respira, dice: "Vive, quiero que vivas"" (Ez 16,6). Y si toda la Trinidad trabaja coordinadamente para sacar a este hombre de la parada cardiaca en la que suele dejar el dolor, del escepticismo al que te arrastra la traición de la verdad, de la impotencia y cansancio de luchar hasta quedar exhausto en favor de la justicia, quisiera fijarme en el beso del Hijo, en su entrega hecha servicio, en su lavatorio de los pies equiparado por Juan 13 a la institución de una Eucaristía subersiva. Consolamos lavando los pies.