5. Porque existen muchas formas sutiles de sentirse superiores, de domesticar al prójimo, de hacerlo dependiente, de dominarle y manipularle. Hay muchos juegos afectivos para doblegar la voluntad y presionar. Relaciones viciadas y distorsionadas fundadas en la utilidad. Y no se trata de que hagamos un elenco del que la psicología es más experta, simplemente recordamos que “siervos inútiles somos, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10). La recompensa única es que el otro se haya desarrollado vocacionalmente y sea autónomo, no que nos siga necesitando. De otro modo, seremos siervas que generan más pobreza, pero no siervas de los pobres.