5. Por eso, el pobre nos hace de recordatorio de lo que todos realmente somos: seres necesitados de los demás. Si nuestras sociedades marginan y no le quieren mirar, en realidad es porque no tienen la capacidad de soportar la verdad más desnuda del ser humano. Así de hecho lo expresa el texto de Is 53. El siervo es uno “como ante quien se esconde el rostro” porque esta deformado (Is 53,3). Sin embargo, él está deformado porque ha cargado con la enfermedad y el dolor. Por tanto, la desfiguración que vemos en le siervo es la propia. Probablemente por eso no se le quiere mirar, como tampoco se mira a los pobres que están en las esquinas, porque nos hacen de “efecto espejo” de nuestra verdad, de que hay algo que va mal en nuestra sociedad.