5. La literatura profética es también bastante elocuente al respecto. De hecho, en muchos pasajes Dios rechaza el culto porque no puede haber culto sin hermano. Así por ejemplo en Is 1,11, Dios dice: “¡Estoy harto!”, Yahvé siente un cierto hartazgo de los inciensos, las ofrendas, los carneros, los holocaustos ante la ausencia escandalosa del hermano. Y a continuación, expresa qué tipo de liturgia quiere y le agrada: “Desistid de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad lo justo, dad su derecho al oprimido, haced justica al huérfano y abogad por la viuda” (Is 1,16-17). La relación con Dios no puede estar vacía del hermano. Por eso el profeta insta a llenar el culto de fraternidad. Vivir abiertos a Dios (culto) es no vivir cerrados a la propia carne, esto es el prójimo (Is 58,7). Y eso se traduce en una serie de acciones en favor de los más necesitados.