5. En conclusión, la mística de lo social que inculcó María Rosa no consistió en que vieran a Dios de repente sino en que en todo momento se mantuvieran en el horizonte relacional e esa continua Presencia y del rostro del hermano y su derecho a vivir y a desarrollarse. Lo social no fue una dimensión, sino una exigencia absoluta nacida de la profesión de sus propios votos y, por tanto, esencial a una consagración a la causa de la justicia y, en última instancia, al Reino.