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3. Pues bien, cuando el Concilio Vaticano II instó a los institutos religiosos a definir el propio carisma, las Hermanas de la Consolación no cayeron en la trampa de retratarse por las obras. Esto es, por ser del campo educativo y/o del ámbito sociosanitario. Dijeron que su carisma era consolar. Sin embargo, pasar un exámen no significa aprobar una signatura. Ya que esto de por sí no salva de circunscribir consolar al mero ámbito del hacer y, además, a un tipo de acción de corte asistencialista. Nada más lejos de lo que ha quedado plasmado en la primera legislación del instituto, en el epistolario de María Rosa Molas y en los testimonios directos e indirectos de las vidas de las doce primeras hermanas. Estudiando la cuestión que nos afecta, todo apunta a que comprendieron perfectamente el núcleo bíblico de lo que significa consolar.

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EN EL MERO ÁMBITO DEL HACER 

SE PERSEVERA INSOBORNABLEMENTE POR LOS MOTIVOS POR LO QUE SE HACE