3. El amor total y oblativo entre las tres Personas (castidad) hace que ninguna de ellas retenga nada para sí (pobreza) y considere al otro como normativo (obediencia). Así el Padre no retiene para sí al Hijo, nos lo entrega. Y este tampoco retiene su condición y nos dona el Espíritu para que podamos participar de su filiación. Por eso, se habla no solo de la kénosis o vaciamiento del Hijo, sino también del Padre. Igualmente los evangelios dan cuenta de cómo Jesús vive para el Padre y remite sus acciones a la voluntad paterna. Es decir, vive en obediencia.