2. Los testimonios dejan constancia de que María Rosa fue una mujer agradecida con la vida, con haber sido llamada a ser religiosa. Disfruta de la naturaleza y vive con jovialidad, manteniendo el sentido del humor incluso en sus enfermedades. No fue una mujer exigente que, cuando se olvidan de ponerle comida, monta en cólera. La humildad que destacan tantas religiosas como su cualidad más notable es el mejor indicio de no considerarse ni constituirse en el origen. Por eso, el hecho de preguntar opiniones e intercambiar posiciones no le quita autoridad, al contrario. Entiende su vida como un suave ejercicio, al mismo tiempo que férreo, de amarle: “Quien llega aprobar cuán dulce es Dios, no puede sin gran violencia dejar tan suave ejercicio”.