1. _ Consolados para consolar – Primero, el texto de 2Cor 1,3-7 tiene clara la orientación apostólica de la experiencia de la consolación: si somos consolados es para vuestro consuelo. Por tanto, la vida recibida no puede ser retenida en propio beneficio, está llamada a entregarse a otros. La vida interior está destinada a ser apostólica. La experiencia de Dios es por esencia apostólica. Por este motivo, para ser transmitida ha tenido que ser primero experiencia. Y esta experiencia de recibir va a influir en la manera de darla. Esto es, en su transmisión. Ya que el que dona no puede creerse superior. Es también alguien necesitado de amor y de consuelo. Y, precisamente, porque agradece el don y lo siente como algo completamente gratuito e inmerecido, transmite por todos los poros de su existencia lo que significa haber encontrado un tesoro y quiere que otros lo descubran.