2. Ahora bien, emparejados a amar y honrar se encuentran “hacer conocer y venerar a Nuestro Señor Jesucristo, como manantial y modelo de toda caridad y perfección”. Esto es, si a “honrar” le corresponde “hacer venerar”, a “amar” le corresponde “hacer conocer”. En el fondo, RC I,1 mantiene el esquema de 2 Cor 1,3-7: consolados para consolar. Se busca compartir el tesoro escondido por el que vale la pena hipotecar la existencia. La acción apostólica nace de la vivencia. Por tanto, la espiritualidad goza de dimensión social y en ella se proyecta hasta el punto de que la segunda finalidad según RC I,1 no es cambiar el mundo o transformar la sociedad, sino creer que el verdadero cambio y transformación viene por hacer que el hermano acceda a la misma Fuente de vida. Se le da lo mejor que se tiene. Con él se comparte el tesoro escondido por el que ha valido la pena hipotecar la existencia. Algo que está muy en consonancia con lo que hizo Jesús, que fue revelarnos con sus palabras y sus gestos quién es el Padre. – Voy a dividir el apartado en dos puntos. El primero está escorado en mostrar que hacer conocer guarda relación con el concepto bíblico de consolación. Eb el segundo desarrollaré qué medios se prevén para llegar a hacer que otros se relacionen con Jesucristo.